La ovejita que contaba niños
Un audiocuento de oveja para dormir, tierno, de 5 minutos, hecho con Purrytale.
- cuento de 5 minutos
- narradora
- para los más pequeños (1–3)
La idea detrás de este cuento
“Noa intenta dormir cuando una ovejita blanca y esponjosa llamada Pelusa, de patitas negras, aparece junto a su cama. Pelusa explica que, mientras los niños cuentan ovejas, las ovejitas cuentan niños en pijama para dormirse, y ella ha perdido la cuenta. Noa la ayuda de una manera sencilla y graciosa hasta que las dos empiezan a bostezar.”
Esa única frase es todo lo que hizo falta. Purrytale escribió el cuento y luego lo narró. Parte de esta idea. Cámbialo todo antes de generar.
Leer el cuento
Los niños pueden leer mientras escuchan: la vista en mayúsculas ayuda a quienes están aprendiendo a leer.
La luna redonda brillaba en el cielo como una gran galleta de leche. En su camita suave, Noa estaba muy bien arropada. La mantita era de color azul y olía a lavanda limpia. Pim, pam... pim, pam... hacía el reloj en la pared.
Noa tenía los ojos abiertos. Miraba el techo. Miraba la ventana. Noa quería dormir, pero el sueño todavía no llegaba.
De repente, tap, tap, tap... se escuchó un pasito muy suave sobre la alfombra.
¡Una nube pequeñita estaba junto a su cama! Pero no era una nube del cielo. ¡Era una ovejita blanca y muy esponjosa! Tenía cuatro patitas negras, dos orejitas caídas y una naricita rosada que hacía snif, snif.
Noa abrió grandes los ojos y sonrió: "¿Quién eres tú, ovejita blanca?"
La ovejita dio un saltito gracioso: "¡Beeee! Hola, Noa. Soy la ovejita Pelusa. He venido porque tengo un lío muy grande en mi cabecita de lana."
Noa se sentó en la cama y acarició su lomo suave. Se sentía tan blandito como un peluche. "¿Qué pasa, Pelusa? ¿Por qué no estás en tu prado durmiendo?"
Pelusa se rascó una oreja con la patita: "Verás, Noa... Los niños cuentan ovejas saltando una valla cuando no pueden dormir. Pero las ovejitas... ¡nosotras contamos niños en pijama!"
"¡No me lo puedo creer!" rió Noa en voz baja.
"¡Sí, es verdad!" baló Pelusa, un poquito preocupada. "Yo estaba contando niños saltando en zapatillas para poder dormir. Conté a Mateo con su pijama de estrellas... conté a Sofía con su pijama de patitos... y... y..." Pelusa bajó la cabecita: "¡Y he perdido la cuenta! Me he quedado atascada. ¡No me acuerdo de qué niño venía ahora!"
Noa pensó un momento. "¡Yo te puedo ayudar, Pelusa! ¡Cuenta conmigo!"
"¡SÍ!" baló la ovejita muy contenta. "¡Tú serás el número tres!"
Pero la ovejita no sabía cómo hacer saltar a Noa desde la cama. Pelusa hizo un intento gracioso: dio una voltereta lenta sobre la alfombra. ¡Pum! Cayó de espaldas con las cuatro patitas arriba, moviéndolas como si pedaleara en una bicicleta imaginaria.
Noa no pudo aguantar la risa. "¡Pelusa, así no! Mira cómo salto yo, pero sin salir de la cama."
Noa estiró sus pies descalzos bajo la manta. Levantó los deditos hacia arriba: ¡hop! Y luego los bajó despacito: ¡flop!
Pelusa miró maravillada. "¿Eso es un salto?"
"Es un salto de manta," susurró Noa con una sonrisa. "El salto más suave del mundo. Vamos, cuéntame."
La ovejita se puso de pie, muy seria y concentrada. Respiró hondo: "¡Allá va el gran salto!" "¡UNO, DOS Y... TRES! ¡NOA CON SU PIJAMA AZUL!"
Noa movió sus deditos: ¡hop! y luego ¡flop! aterrizando sobre la almohada más blandita.
"¡LO LOGRAMOS!" exclamó Pelusa con un saltito de pura alegría. "¡Ya me acordé! El número tres era Noa."
El gran misterio estaba resuelto. La habitación se llenó de un silencio tibio y dorado. La luna afuera seguía brillando, suave, muy suave.
Pelusa apoyó su barbilla de lana en el borde del colchón. "Beeee... qué cansadas tengo las patitas."
Noa también abrió la boca en un bostezo enorme y redondo. "Yo también tengo sueño, Pelusa..."
"Ahora ya puedo dormir," susurró la ovejita.
Pelusa dio tres vueltas en redondo sobre la alfombra, como un gatito, y se hizo una bola perfecta de lana blanca. Ffffff, ffffff... soplaba el aire tranquilo por la ventana entornada.
Noa se tapó bien con su mantita azul, subiéndola hasta la barbilla. Acarició la orejita de Pelusa una última vez. "Buenas noches, ovejita tres..."
"Buenas noches, Noa..." contestó Pelusa, cerrando sus ojitos negros.
El reloj hacía pim, pam... pim, pam... cada vez más lento. Las estrellas en el cielo pestañeaban como ojitos que se van a dormir. Noa cerró los ojos, sonriendo en la oscuridad tibia. El sueño la abrazó despacito, como una nube de algodón... y juntas, la niña y la ovejita, se quedaron... profundamente dormidas...