La fiesta de pijamas de Lola

Un audiocuento de tortuga para dormir, tierno, de 6 minutos, hecho con Purrytale.

  • cuento de 5 minutos
  • narradora
  • para los más pequeños (1–3)
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La idea detrás de este cuento

“Carmen encuentra en el jardín una tortuguita llamada Perla, con su gorro de dormir a rayas, convencida de que llega tarde a su fiesta de pijamas bajo el gran roble. Carmen la acompaña paso a pasito, pero cada pocos pasos Perla descubre algo bonito que merece la pena mirar. Al final comprenden que no hacía falta correr y llegan justo cuando todos empiezan a bostezar.”

Esa única frase es todo lo que hizo falta. Purrytale escribió el cuento y luego lo narró. Parte de esta idea. Cámbialo todo antes de generar.

Leer el cuento

Los niños pueden leer mientras escuchan: la vista en mayúsculas ayuda a quienes están aprendiendo a leer.

El sol se escondía detrás de los árboles grandes, pintando el cielo de color naranja y rosa. En el jardín, el pasto estaba tibio y suave. Carmen caminaba descalza sobre la hierba verde, dando pasitos cortos: tap, tap, tap.

De repente, entre unas hojas de trébol, Carmen vio un caparazón chiquito y brillante. ¡Era una tortuguita con un gorro de dormir a rayas!

—¡Oh, no, oh, no! —decía la tortuguita, moviendo sus patitas muy rápido—. ¡Llego tarde! ¡Llego muy tarde!

Carmen se agachó con una sonrisa dulce. —Hola, pequeña. Me llamo Carmen. ¿A dónde vas con tanta prisa?

La tortuguita levantó su cabecita verde. —¡Soy Lola! ¡Y hoy es mi fiesta de pijamas bajo el gran roble! ¡Todos mis amigos ya deben estar allí comiendo hojitas y yo sigo aquí!

—No te preocupes, Lola —dijo Carmen con cariño—. Yo te acompaño. Iremos juntas, paso a pasito.

Lola empezó a caminar con todas sus fuerzas: un, dos, un, dos... Sus patitas hacían un suave ploc, ploc, ploc en la tierra.

—¡Rápido, rápido, que la luna ya sale! —decía Lola.

Pero apenas dieron cinco pasos, Lola se detuvo en seco. Sus ojitos redondos se abrieron mucho.

—¿Qué es eso tan brillante? —preguntó Lola en un susurro.

En una hoja baja, una gota de rocío brillaba como un diamante. Reflejaba la luz rosa del atardecer. —¡Parece una estrellita mágica! —dijo Lola, olvidando su prisa por un momento—. Qué linda es...

Carmen rio bajito. —Es hermosa, Lola. El jardín tiene muchos secretos.

—¡Ay, pero la fiesta! —recordó Lola de pronto—. ¡Pies, para qué los quiero! ¡A correr!

Y volvieron a andar: ploc, ploc, ploc. Carmen daba pasos chiquitos para ir a su lado.

Tres pasos más adelante... ¡un aroma delicioso llenó el aire!

Lola frenó otra vez, estirando su cuello largo. —Huele... mmm... a dulce de jazmín —suspiró Lola feliz—. ¡Mira, Carmen, esa flor blanca se está abriendo para la noche! Fssss, hace la flor cuando se estira.

Lola se quedó mirando la flor con una gran sonrisa. —Vale la pena parar a olerla, ¿verdad, Carmen?

—Claro que sí, Lola —respondió Carmen acariciando su caparazón—. Las cosas bonitas no tienen prisa.

—¡Pero yo sí! —dijo la tortuguita dando un saltito gracioso—. ¡Vamos, vamos, que ya casi llegamos!

Siguieron caminando por el sendero suave: ploc, ploc, ploc. El cielo se volvía azul oscuro, azul noche, salpicado de puntitos brillantes.

De pronto, una lucecita amarilla flotó en el aire, subiendo y bajando. ¡Flosh, flosh! Luego otra, y otra más.

—¡MIRA, CARMEN! —exclamó Lola llena de asombro—. ¡SON LUCIÉRNAGAS! ¡LLEVAN LINTERNAS MÁGICAS!

Una luciérnaga bajó suavemente y se posó justo en la punta de la nariz de Lola. La tortuguita cerró los ojos y soltó una risita: ¡le hacía cosquillas!

El jardín entero parecía bailar con pequeñas lucecitas doradas. Era el momento más mágico de toda la tarde. Carmen y Lola se quedaron completamente quietas, sintiendo la brisa tibia y mirando el hermoso baile de luz.

Lola suspiró contenta: —Este paseo es el más lindo del mundo.

Entonces, miraron al frente. Allí estaba el gran roble.

Lola se asustó un poquito: —¿Habré llegado demasiado tarde? ¿Se habrá terminado la fiesta?

Caminaron muy despacito hacia las raíces del árbol. Asomaron la cabecita entre las hojas caídas.

Y allí estaban todos los amigos de Lola: el pequeño erizo con su manta de lana, el conejito gris con su almohada de plumas y la ranita verde. Ninguno estaba bailando, ninguno estaba comiendo.

El conejito se estiró: ¡Aaaah! El erizo se acurrucó hecho una bolita.

¡Nadie había empezado la fiesta sin Lola! Todos estaban recién preparándose para dormir.

El conejito abrió un ojo y sonrió: —Hola, Lola... qué bueno que llegas... la fiesta de pijamas apenas comienza.

Lola miró a Carmen con ternura. —¡Llegamos justo a tiempo! No hacía falta correr.

—Nunca hace falta correr cuando el camino es tan bonito —susurró Carmen.

Carmen ayudó a Lola a acomodarse sobre un lecho de musgo suave y fresco. Lola se quitó el gorrito de rayas y lo puso bajo su cabeza.

—Buenas noches, Carmen... —dijo Lola con los ojitos ya muy pesados.

—Buenas noches, Lola... que sueñes con estrellas y flores.

El jardín quedó en silencio. El viento soplaba muy suaaaave: shhh, shhh.

Una a una, las luciérnagas fueron apagando sus luces. Lola cerró los ojos, metió sus patitas dentro del caparazón y se quedó profundamente dormida... hasta mañana.

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